La atribución de poderes en sí no traerá a la vida a los no creyentes

Por mi experiencia, cruzar los Alpes siempre fue un ejercicio interesante. Y así sigue siendo hasta la fecha, como pude constatar durante mis vacaciones de invierno. Desde hace tiempo, SIGMA (Swiss Re) ha proporcionado la investigación más detallada a la industria de los seguros de vida, y su reciente informe sobre las actitudes del consumidor no es una excepción.

Seguro de vida: Una perspectiva del consumidor pone de relieve algunos temas fascinantes y a veces discutibles (tal vez incluso contenciosos) acerca de las actitudes del consumidor con respecto a los seguros de vida.

No tengo ninguna duda de que los consumidores necesitan que se les perturbe / estimule / motive para adquirir seguros

Una de las principales conclusiones del informe es que los consumidores no desean que se les “venda”. Sin embargo, desean tomar ellos mismo decisiones sobre la compra de un seguro de vida. Basado en los datos de búsqueda que lo sustenta, el caso es bastante convincente, a excepción de un factor.

La atribución de poderes no es conversión
Persiste un supuesto implícito en esta teoría, de que el seguro de vida es, o puede convertirse, en un producto impulsado por la demanda. Es tal vez una herencia del pasado, pero no tengo duda alguna de que los consumidores necesitan que se les despierte / estimule / motive para adquirir seguros. En otro momento, esto se conocía como “la necesidad de venderse”.

El informe cita la “atribución de poderes mediante el acceso a una información fácil” como una clave delta en la transformación de los seguros de un producto “vendido” a un producto “comprado”. Tal vez esto es cierto en el contexto de un individuo al que se le haya despertado / estimulado / motivado a comprar. Pero ¿cómo motivar a aquellos que no ven la necesidad o el valor de un seguro de vida? Dicha atribución puede alterar su decisión del canal de distribución, pero no convertirá al no creyente.

Hacer crecer la base de clientes, en lugar de predicar a convertidos, como lo hizo San Pablo, continúa siendo un desafío real para los aseguradores de vida del mundo.